"Realmente odiaría tener que vivir aquí", exclamó Suzu mientras se dejaba caer al suelo. Los hombres rieron y le dieron una suave palmadita en la espalda. Ella no comprendió las palabras, pero entendió que la felicitaban por haber logrado un ascenso exitoso. "Esto parece más duro que trabajar en el campo", pensó. Había redes extendidas sobre tablones, y otras dispuestas para que se sequen. Ella dedujo que habían regresado de pescar y que cada vez que conseguían una buena captura, debían arrastrarla desde la base hasta la cima del acantilado. El trabajo en el campo era duro, pero no incluía un riesgoso ascenso por un acantilado, con una pesada y húmeda carga. A lo largo del acantilado había un muro mucho más alto que ella. Le hicieron notar una puerta junto al muro y ella arrastró su cansado cuerpo para seguir a los hombres. Tras el muro había un pequeño pueblo compuesto de una línea de pequeñas casas. Algunas de ellas parecían tiendas de circo. Ella fue conducida a una tienda donde quedó al cuidado de una anciana. La mujer le quitó la ropa mojada y le señaló un cobertor sobre una plataforma separada del piso de tierra. Suzu obedientemente se cubrió con el cobertor y la anciana abandonó la choza llevándose su ropa empapada. Luego de verla partir Suzu cerró sus ojos. Ella estaba exhausta. "¿Me pregunto si llegaré a Tokio? Mi situación mejoraría si encuentro la casa de Aoyagi Sama lo antes posible. Después de todo fui vendida a él." Pensó Suzu antes de quedarse dormida. No había otro lugar donde ella pudiera ir, ni un hogar al cual regresar. Sin embargo, Suzu no tenía forma de saber que no existía ningún lugar llamado Tokio en este mundo. El océano donde ella casi se ahogó era el Kyokai, este mar exterior también es conocido como Mar de la Nada o Mar Nulo. |